El gran comunicador e historiador Enric Calpena acaba de sacar su sexto libro El día que Barcelona murió, basado en un hecho histórico que fue devastador para la ciudad de Barcelona y Sant Cugat del Vallès. La novela explica la razia (el ataque) de Almanzor a Barcelona en el año 985.

Hemos quedado en un café del centro para conversar sobre Sant Cugat y su nuevo libro. Llega puntual, con un aire de sabio despistado, acompañado de una sonrisa. Nos sentamos y empezamos la entrevista, ante un café con hielo, hace mucho calor, y enseguida me doy cuenta que será una tarde muy interesante y que seguramente se me hará corta. Su gran conocimiento y sus ganas de comunicarlo al mundo, nos conducirán por diferentes caminos de la historia.

Empezamos hablando de la personalidad de Sant Cugat.

Nos dice que aunque en los últimos 30 años hay un nuevo Sant Cugat, este cambio no ha sido como en otras ciudades de alrededor que han perdido su identidad y que están intentando recuperarla. Sant Cugat se ha ido transformando sin perder nunca su personalidad, el Monasterio sigue siendo el centro y el punto neurálgico de la villa.

¿Barcelona y Sant Cugat, son dos ciudades muy cercanas, crees que se complementan?

Barcelona y Sant Cugat está claro que se complementan, pero todavía falta mucho camino por recorrer. Ha habido trabas históricas que ha hecho que la ciudad de Barcelona no se comporte como una gran metrópoli y que los municipios limítrofes miren todavía con recelo la ciudad y que los barceloneses, en demasiadas ocasiones, no conozcan la realidad vecina.
La ciudad de Barcelona sólo ocupa 96 km2, un caso atípico si lo comparamos con otras grandes ciudades occidentales que ocupan superficies entre 900 y 1.000 km2 aproximadamente. Por ejemplo, todos los barrios de la metrópoli de Londres se identifican con Londres, aunque cada uno tenga su idiosincrasia. En cambio, la conurbación de la Ciudad Condal no comparte esta identidad, y hace que la relación sea un poco extraña y a veces distante.

Ahora es el momento de viajar a la edad media

Concretamente el mes de julio del año 985 para rememorar el episodio trágico que comparten Barcelona y Sant Cugat, la invasión de Almanzor a Barcelona y su paso destructor por el Monasterio de Sant Cugat. ¿Quiénes fueron los protagonistas? ¿Cuáles fueron los motivos de la destrucción?

Este es el hecho histórico clave de la novela El día que Barcelona murió, que se desarrolla en una época prefeudal, donde la relación de vasallaje es muy débil, y los hombres son más libres. Enric Calpena nos explica que hay cuatro grandes personajes históricos que tenemos que conocer en la historia que comparten Barcelona y Sant Cugat: el abad Joan, el abad Odó, Almanzor y el conde de Barcelona, Borrell II.

Los abades del Monasterio

En el año 985 el Monasterio de Sant Cugat estaba regido por el abad Joan, que con la compra de tierras había enriquecido más al Monasterio que sus antecesores. Su prior era Odó, también conocido como Odón, se cree que era hijo de un aristócrata, quizás de un castellano (gobernador de un castillo) del Pirineo y que muy probablemente recibió formación de armas. El abad Joan morirá durante el ataque de Almanzor, no se sabe si murió en Sant Cugat o en Barcelona, junto con doce monjes más. Odó se salvará, pero no se conoce el motivo y será nombrado abad del Monasterio de Sant Cugat. El abad Odó es listo, ambicioso, fuerte y los hechos demuestran que le gustaba más la guerra que la misa, será más un señor feudal que un sirviente de la iglesia.

Los condados y el Imperio Carolingio

Los condados estaban bajo el poder del Imperio Carolingio, pero ya hacía tiempo que había peleas internas. El sistema de gobierno a través de marcas y los condados fronterizos, con gobernadores que controlaban la zona a cambio de dinero, había funcionado durante un tiempo, pero empezaba a hacer aguas. Los vínculos imperiales entre el Imperio Carolingio y los condados se había ido deshaciendo durante el siglo IX y esta debilidad de los condados fue aprovechada por Almanzor.

Almanzor, el victorioso

Almanzor es un personaje fascinante. El califa Al-Hakam II enfermó y dio orden a su hermano que una vez muerto, su hijo fuera su sucesor. Pero esto no sucedió y el hermano se autoproclamó califa. Aquel mismo día Almanzor entró en la casa del nueve califa, lo obligó a colgarse y seguidamente proclamó califa al verdadero heredero, el hijo sucesor, Hissam II. Aunque el niño era muy joven y débil, Almanzor, hombre muy religioso y virtuoso, le fue totalmente fiel y se dedicó al exterior: llevó a cabo 52 razias para castigar a los infieles cristianos y obtener recursos económicos, en muchas ocasiones a través de la obtención de recompensas de los rehenes.

Almanzor y las ansias de poder contra el infiel

Borrell II, conde de Barcelona con su hermano Miró, hacía años habían jurado vasallaje al califa, estaban convencidos que pagando estarían tranquilos. Pero a la muerte del califa y la pujanza de Almanzor, hizo que la situación cambiara radicalmente. Almanzor creyó que era el momento de aprovechar la debilidad y atacar. Hará tres incursiones entre los años 980 y 985, una llegará hasta Girona, otra hasta Igualada y la tercera hasta Barcelona pasando por Sant Cugat. La hipótesis es que su fuerza es enorme, unas cuarenta mil personas (no se sabe si todos eran guerreros), en contraposición a los diez mil que podría haber conseguido reunir Borrell II.

Un error fatal del conde de Barcelona traerá la tragedia al Monasterio de Sant Cugat y a Barcelona

Almanzor es probable que quisiera arrasar los condados, pero quizás no Barcelona. Borrell II quiere parar a A Almanzor en la zona que hoy sería Rovirans o Matabous, pero la batalla tendrá un claro ganador, Almanzor. Borrell II se quedará sin ejército y se presagia lo peor. Dicen que los musulmanes mataron a 500 caballeros cristianos y que sus cabezas fueron cortadas y tiradas con catapultas dentro de las murallas de Barcelona. Almanzor provechó aquella derrota de las tropas de Borrell II para atacar el Monasterio desprotegido. Lo quemaron todo,  se salvaron las reliquias de Sant Cugat y de las santas,  y murieron el abad Joan y doce monjes. El prior Odó fue nombrado abad y reconstruyó rápidamente el Monasterio ya que recibió muchas donaciones. Odó organizó un importante sistema militar y participó en diferentes incursiones en territorio musulmán

Sabies que…

Las personas de la Iglesia no podían utilizar armas y,  por tanto, utilizaban mazas y martillos de guerra.

Un castellano, era el encargado de un castillo, un cargo aristocrático que no se ha conservado como nombre hoy en día. Del término castellano proviene los nombres de Castilla y Cataluña.

Podemos encontrar los nombres propios de aquella época con más de veinte variaciones en los documentos escritos y, además, tenemos que tener en cuenta que no había apellidos. Imaginaros la dificultad de los investigadores para poder identificar quién era quién.

Pocos años después del ataque  de Almanzor se considera que se produjo la independencia de Cataluña del Imperio Carolingio, ¿qué hechos acontecieron?

Hasta el año 988 el conde Borrell firmaba las cartas con esta frase, aproximadamente: «Reinando Dios en el cielo y Lotario en la tierra». Después de 988, la firma cambió por: «Reinando Dios en el cielo y Borrell en las tierras de los condados» (Barcelona, Girona, Besalú y Urgell). Este hecho deja constancia de la desobediencia al rey franco Lotario. Se sabe que Borrell pidió ayuda, pero no había tiempo, y parece claro que la última petición de ayuda era una manera de desatarse de los francos. Podemos decir que fue una independencia por abandono y no una independencia épica.

Ya hace un buen rato que hemos tomado el café, es la hora de ir acabando, hemos tenido la suerte de recibir una clase de historia particular fantástica con un profesor inmejorable. Antes de marchar le pregunto cuál es su rincón preferido de Sant Cugat, y buscando en sus recuerdos de estudiante dice que siempre rememorará la plaza de Octavià, el lugar donde pasaba ratos charlando y riendo con sus amigos.

Finalmente nos despedimos y quedamos en encontrarnos más adelante, en otro café, para volver a recorrer caminos de historias compartidas de Barcelona y Sant Cugat.

Visita uno de los lugares donde acontecieron los hechos, el Monasterio de Sant Cugat Descubrirás alguna de las huellas históricas como la turmba del abad Odó.